Endo Deair el pescador.
En las orillas de un gran lago, donde las aguas cristalinas besaban la tierra, vivía un joven pescador llamado Endo Deair. Desde su infancia, Endo había soñado con un mundo lleno de magia y criaturas fantásticas. Creció escuchando las historias de valientes guerreros y hechiceros que luchaban contra el mal.
Su hogar estaba rodeado de una naturaleza exuberante y misteriosa, llevaba una vida muy tranquila, trabaja en una de las embarcaciones más grandes de su ciudad la cual estaba protegida por poderosos magos de agua que controlaban las entradas de todas las desembocaduras. Jamás había puesto un pie fuera de la isla ni del místico lago que lo rodeaba.
Endo era capaz de usar magia elemental de aire, algo poco usual en una ciudad especializada en la magia de agua, por lo que sus habilidades para la navegación eran muy valoradas ya que podía cambiar el curso de las brisas e impulsar los navíos a vela.
En una noche oscura y tormentosa, Endo Deair se encontraba pescando Ilumines. Pequeños peces luminiscentes con un alto valor comercial para los artesanos ya que sus escamas mantenían el brillo incluso después de muertos. Sin embargo, lo que desconocía era que un monstruo marino acechaba en las profundidades.
Mientras lanzaba su anzuelo al agua, Endo sintió un súbito estremecimiento en su pequeña embarcación. De las sombras del mar emergió un Rayo Nocturno, un monstruo con ojos resplandecientes y aletas que generaban descargas eléctricas capaces de quemar el cuerpo por dentro.
El Rayo Nocturno se abalanzó sobre la frágil embarcación de Endo, destrozando su casco y arrojándolo al agua con violencia.

Endo luchó desesperadamente para mantenerse a flote, pero el monstruo seguía acechándolo con sus amenazantes embestidas. Sin más opción, Endo se aferró a los restos de su embarcación y utilizando su hechizo de viento << Brisa >> logró alejarse del monstruo, el cual se quedó devorando los Ilumines que Endo había pescado. Usó toda su energía y concentración en mantener el hechizo mientras el miedo y la incertidumbre se apoderaban de su corazón.
Con cada instante que pasaba, Endo se daba cuenta de que cada vez se alejaba más de tierra firme. Sus músculos fatigados y su espíritu debilitado no resistieron más y se desmayó.
Cuando despertó, miró a su alrededor y se dio cuenta que no estaba en la isla donde creció, las olas lo llevaron hacia las orillas del continente, exhausto y empapado, pero lleno de gratitud por haber sobrevivido al ataque del Rayo Nocturno.